Chicas con las uñas de rojo

Mira a esa mujer que se adentra en el callejón. Mira su bufanda alcanzando los ojos para tapar las lágrimas. Mira a la mujer del abrigo rojo, de las uñas rojas. Nunca creíste que alguien que se pintara las uñas de rojo pudiera estar triste. Y qué extrañas y alucinantes son las contradicciones en las personas. Qué bello es encontrar una chica con las uñas de rojo, con la alegría por fuera y la melancolía por dentro. Qué maravilloso que alegre tus penas. Sorprendente ignorancia la tuya, al creer que nunca podía estar triste. Mira cómo se esconde en ese viejo bar. Seguro que va a tomar un café caliente, con cuatro cucharadas de azúcar, a ver si hacen más dulce su interior, a ver si ablandan las penas.

El azul

Todo era azul.
Muy azul.
El cielo,
la nieve,
los ojos,
la sonrisa.

Todo era azul.
Los días azules.
Las noches azules.
Las palabras azules.

No. Mis palabras no eran azules. Me hubiera gustado que lo fuesen, pero se tiñeron de gris. Gris de ese del que están llenas las ciudades, la gente, incluso el viento. Ese gris imborrable cual pluma negándose a detener su caminar por el blanco papel y a callar sus verdades.
Me hubiera gustado que todo fuera azul. Creía ser azul. Pero, amor, siempre fui de las que acaba demasiado pronto todos los tonos de este en la caja de "Plastidecores".

No espere encontrar aquí prolífica y virtuosa poesía. No espere encontrar aquí demasiada ficción, o tal vez sí. Aquí hay ficción real: dragones, princesas y piratas de esos que podríamos ser usted y yo, en situaciones que podrían ocurrirnos a nosotros mismos en cualquier calle, en cualquier habitación, entre estas cuatro paredes desde las que me lee. Esto no es más que un conjunto de historias que veo y transcribo cuando imagino las preocupaciones de todos aquellos que caminan por la calle y, por uno o por otro, por las tristezas o por las alegrías que han vivido, tienen dentro kilos y kilos de magia. Literatura de andar por casa, si le apetece. Así que, sin que se dé cuenta, igual estoy registrando su historia y un día de estos, se convierte en protagonista de una entrada. Bienvenido a mi fábrica de abrazos particular, también tengo chocolate caliente para soportar este frío invierno.